Sobre el teatro de marionetas
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En este fragmento, Kleist compara la plasticidad de las marionetas con la rigidez del ser humano: la perfección artística no se halla en la técnica, sino en la inocencia perdida para el hombre que, curiosamente, trasunta los movimientos del títere.
Si queremos encontrar la gracia entonces, debemos buscar en la pureza de una conciencia infinita, dios, o en la radical ausencia de una, en la marioneta.