cuento chileno
Matias Correa
$ 4.000
Rivas y yo nos conocimos hace unos años. Entre fines de 2019 y mediados de 2022, estuvo apostado en Plaza Italia casi a diario, la mayoría de las veces a los pies del plinto, justo en medio de la plaza, entre la explanada del metro Baquedano y la ribera del Mapocho. La primera vez que intercambiamos palabra no hice más que presentarme. Le expliqué por qué motivo estaba ahí y avisé también que pretendía seguir apareciéndome por el lugar. A eso se redujo nuestro primer encuentro. No volví a tener otra excusa para molestar a Rivas, ni nada de lo que yo estaba haciendo en la plaza le impedía cumplir con sus obligaciones. Mi presencia ahí, tal vez absurda, era legal; la de Rivas, también